jueves, 24 de marzo de 2011

Historia de una Entrevista a Gonzalo León


Antes de mi pena, de mi egoísta pena. De mi llanto sentada frente a una pantalla y detrás de los virtuales rostros solitarios como yo, antes me encontré en un lugar preciso a una hora determinada, con un escritor que vive como piensa.

Ni él ni yo sabíamos que sería una entrevista o que yo inconscientemente deseaba fuera una exclusiva que quizás algún día transcribiré formalmente.

No tenía un micrófono escondido pero sí una atención adherida con cinta invisible en mi pecho.

Una entrevista es conectarse con el escritor en su amplia percepción del mundo que siempre nos circunda.

Yo iba afirmando su verdad incorregible. Yo iba contando partes de mi vida que ya fueron filtradas por el conocimiento (de mi causa). Él iba enseñándome los anales de su literatura/ vida.

A medio camino era imposible no enamorarme de su abuelo marino mercante, de su abuela raptada de un ghetto, de su apellido converso, del León incrustado en su escudo huérfano y de sus cicatrices de batallas, Safaris o puertos piratas atacados.

Y a medio camino, las pausas no me quitaban el interés profundo de sus conclusiones luego de manifiestos principios, límites, tacto para seguir viviendo, aún cuando el mundo y la calle hayan sido bestias desafiándolo.

Al final y al principio de mi "entrevista" hicimos un análisis del amor para vivir o vivir para el amor, como una acción, un objeto no abstracto, un país con sus fronteras o cadenas de relaciones humanas, una concatenación para llegar al destino.

Después de caminar a ningún lugar o por azar hacia su casa, le conté de una historia vívida, donde me deshice al fin de mi postura de víctima (como modelo) hasta que una noche me dieron la golpiza final, una que extrañamente me hizo despertar. No terminé de contarla, no narré el final porque eran demasiados datos judiciales como para armar un libro en la hora final de nuestro encuentro.

Le dio sueño y caminó de espalda hacia su dormitorio y yo de frente hacia su puerta, luego a la siguiente y definitiva, medio obnubilada por la noche lúcida y de frente por las calles que un día me vieron llorar aturdida al centro del peligro, en la era borderline de mi vida ciega.

Hoy estoy despierta y atenta como para hacer una entrevista a este gran personaje / escritor que piensa como vive, vive como piensa, con sus fugas intermitentes a causa de las jugadas bestiales que la vida le ha dado.

Siempre

Cristina

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