lunes, 10 de mayo de 2010

secuencias de niña peinándose / Dominga / III / No debo escribir sobre los espejos




Recuerdo un espejo
donde todo lucía sepia
y el rostro muerto adentro
era el de un recuerdo convertido en anciana
con el cabello trazando la línea de perfil.

Alguien la pintó tanto en su melancolía
que los que entrábamos
la veíamos aun
trashumando.

Y tras de mí
Un lago congelado
perros,
personas, olores
y finales,
diálogos desunidos,
rostros sin cuerpo

Y delante de mi recuerdo,
un espejo congelado
en la vida de ella,
la de cabello perfilando una nuca delicada.

Y yo, detrás de ella
acariciando mi destino
y detrás de las personas,
miles de espejos y gotas secándose .
Nunca salí de los espejos
y desde aquí,
entre el árbol y la mesa,
confundo el nombre
de mi olvido con el de un jinete
que aparece a regalarme
memorias.

Ejercito una pequeña mirada
hacia mi frente cristalina
donde desfilan caballos y fechas.

Pero no debo escribir en los espejos
lo que se va borrando
de ese camino sin horizonte,
esa ventana sin retorno,
esta pérdida de palmas,
líneas y tiempos.

Suspendida,
no debía escribir acerca de los espejos
que abrigaban los brazos
que quitaban mi oleoso destino,
el seco paso a la infancia
de un espejo nuevo
viejo
eterno.

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