jueves, 20 de mayo de 2010

cataviento


Solo los techos, solo catavientos apuntando al sitio cardinal sin variación.
Sólo el hombre toca el suelo con sus botas.
Sólo la tarde se viste de ruido. Ninguna voz.

Solo una niña abriendo la puerta de su libro se sienta a cobijar su paso por este tiempo.
No la veo, solo imagino que no será mujer porque la mato, la entierro y además construyo su animita bajo el poste que me afirme para dar a luz.
Y ahí la tarde resplandece en la vela que prendí casi como un ritual más. Ave maría madre de dios ruega por nosotros, quizás cuantos coros repiten esa circunstancia de oración.

Ya no es la otra estación. Agoniza el ocre en las pieles. El ocre de árboles expirando.
La soledad dentro de la casa recorre cada cuarto. Solo imagino que no será habitada porque también la demuelo y en lugar de fuego y mesa dejo el sitio eriazo,solo el corazón de un perro disecado.

Obreros que regresan a otro barrio donde el grito de pan se pierde en la otra cocina, que ya no humea porque viajo la tragedia de mi cuarto cuya ventana transforma la visión del horizonte en espejo y la cortina que apenas se mueve y el frío se acuesta sobre mi cama que deshago bajo este cuerpo que no cruza la noche
Y ya no duermo, solo deambulo entre las noticias que trae ese cataviento.

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