viernes, 30 de abril de 2010

Diario de hoy / Dossier / Ocio


(viene mi café).

Estos tres últimos días la Libertad ha sido insostenible. Estar sin horario prefijado, sin trabajo inútil, es fantástico.

Ser punk a los 41 es un privilegio, el pensar que el trabajo indignifica, si es un oficio escindido de la pasión, vale oro.

Por eso voy depurando mi rostro inconforme de jefas guarenes.
Mi ex jefa de hecho se parecía a uno, arrastraba la cola, enorme y sin ruido, aparecía de pronto sobre los estantes, entre las muestras o detrás de la Hildegard cuatro colores jajaja y justo cuando estaba movilizando a mis compañeros prensistas a imprimir panfletos contra su burguesía de guaren con distemper.

El trabajo siempre ha sido un mal hábito. Lo vimos en nuestros padres. Yo lo vi en ambos. Mi madre ya tenía derecho a voto, por lo que era implícito poder pensar, por lo tanto también "hacer" algo por esta humanidad.
Su humanidad pagó mis estudios, hasta que se aburrió.
Ella se aburrió de poner cara de jefa y que le vieran la cara. Se aburrió del feedback comercial y se quedó en casa, viendo el sol pegar en sus diferentes ventanales. Vio la tremenda y nada envidiable pega del sol.

Paralelamente comencé a probar el gustito de tener un título y nada se parecía menos a mis entregas de la U, llenos de creatividad irracional, de metodología brillante. Una bitácora del conocimiento.
Ahí fue que comenzó el tedio de 9 horas,
mientras mis hijos escuchaban a Pin Pon cantando método-método si quieres hacer algo bien necesitas mucho método método método método lalala, mientras a mami le pagaban a $ 2 la hora.

Y muy vertical a todo esto, está la médula, clavícula, peroné, la vértebra de mi holgazanería social.

Porque es en el Ocio donde bailo con mi labor. Mi verdadera labor:

mantener el hogar provisto de sueños.

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