sábado, 24 de abril de 2010

Convivo con mis cejas y algunos libros



Convivo con mis cejas y algunos libros


Hice un bosquejo de mi vida. No muero ni pública ni privada.

En ese contexto, sin ruidos, sin silencio, convivo con cigarros y mis pies.

No hay una descripción poética de mis caminos, a veces veo la luz de los cuerpos que encuentro en los pasos de cebra de esta ciudad, que es la única que conozco.


Pero salgo de mi viaje y alguna vez conviví con helechos y volcanes.


Todos los cráteres eran yo hirviendo lava y caminos envolviendo el seco sur hacia el lago.


Imagino mi lado de la muerte. El rostro mirando el cielo sin techo. Los que quedan recordando alguna broma que hice, el brillo extraño de mi mirada y muerta imagino la vida de los demás.


Trabajo en un lugar con muchas voces ordenando a la máquina del tiempo que se detenga.


Yo miro extasiada las flores en brazos de los ambiguos amores que se apegan a mi tristeza.


Convivo conmigo y cuando duermo siento el alivio del milagro de morir cada día.


Convivo con arcos y puentes. Paltos, lirios, niños y jóvenes despertando. Camino por el pasillo y voy dejando estelas sin historia. Nunca he luchado entre cuerpos linchados. Convivo con el olvido.


Convivo con la pena de olvidar.


Apenas recuerdo el día que sucedió esa cosa de nacer, acogida en un canto tapando horrores.


Yo convivo, según los otros, con el ansia de las esperanzas.



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