sábado, 27 de marzo de 2010

Nuevo diario de una Amante en la Nieve


Si supiera el nombre originario de cada árbol, flor, arbusto.

En este mismo lugar lloré, mojando solo mi mente, leyendo a Teresa Wilms Montt, hace un tiempo. Su diario se transforma en historia. Su historia se hace a diario.

Ella dio palos de ciega. pero los que dio, fijaron eternamente la memoria de quienes la vieron vagar y no en vano.

Estoy en ninguna parte, construyendo un pensamiento que se desgrana, que se niega a sí mismo y emite racontos de una mano escribiendo otro presente.

Estoy en ningún lugar o el mismo que ocupé con otras lágrimas y espera.

Llamo al número perdido de una mañana que nos va sometiendo a la voracidad de las horas.

Sólo escribo desde el instinto la palabra que no pierdo. En cuadernos que al final, antes de suicidar el filo de sus hojas, boto al incinerador falso de mi casa.

Ya no recuerdo el color de sus tapas ni el del cielo de las tardes en que vomité la resaca de otras letras.

Las boté junto a mi muñeca negra, cercenada, bolsa negra de basura y que ahora flamea en un vertedero.

La palabra en el vertedero.
La palabra que olvidé y a destiempo aparece como una cita a la que jamás llegué, ni por el pobre amor que prometió.

No estoy, ni el ámbito. Sólo quiero saber el nombre de cada tronco como mausoleo en un bosque de cementerios.

Quiero volver a estudiar el origen de mi nombre esculpido en el banco de mi plaza y un corazón flechado para siempre en la madera.

No sé si quisiera aprender nuevamente cada rostro que rechacé por ser de lanza y sangre.Esta sangre de cada día. La que no cesa de mis partos.

reunir el columpio y el juego de esta sombra. Mi niñez sepultada bajo hojas de hierba y extraños sueños.

Programar mi reloj y despertar el amanecer secreto de mi ventana fría y decir apenas un salmo, un mantra que abra el día de los que me ven dormir o morir.

Saber lo que me des/construye.

y saber que nadie leerá la historia de mi amor, que se materializa en hijos de profunda vida nuestra.

Saber la casa y los objetos levitando. el apego a un carrusel de madera en dirección al árbol de pascua despeinado.

No quiero retroceder y entristecerme frente a lo que no pude visionar. Deseo la muerte como todos la esperan, como niños en primera comunión.

No quiero irme del brazo de mar o del de un poeta ciego de su propio barco y mujer.

No caminaré jamás de la mano de una fama sin abrazo a la tierra.
Quiero el cabello y estas canas que coquetean con hombres albinos.

No estoy en un lugar y la palmera me mira como escribo sobre sus escamas podadas, artificiales en esta ciudad, por un jardinero al que obligan a la muerte cursi es esto tan sagrado.

Sentada frente al árbol de la vida, sintiendo como termina su copa libre, hasta alcanzar el cosmos. Ell jardinero contempla con sus tijeras dormidas, la salvaje libertad y sonríe.

Y la llamada perdida deja en tu satélite mensajes sin voz. Un vuelo y aterrizaje forzoso. se pierde. se me pierde en la letra lengua que tenía a punto, mientras sonaba auricular mente sordo.

Tu derecho a no responder.

Y el árbol no se mueve porque Marzo termina en un infierno de sol sin aire. Un verano como hombre agonizante y que antes de expirar resucita en mujeres de antes. Mujeres de su primera estación.

Este es el nuevo Diario de una Amante en la Nieve.

O como al final las ramas tapan el bosque y no el camino.

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